
Las actualizaciones de software son cruciales para la seguridad y la funcionalidad de nuestros dispositivos Apple, tanto macOS como iOS. Sin embargo, a menudo nos encontramos con ralentizaciones notables después de instalarlas. Esto puede ser frustrante y afectar nuestra productividad, especialmente en dispositivos más antiguos.
Esto no significa que debamos evitar las actualizaciones; más bien, implica que debemos prepararnos para ellas y adoptar ciertas prácticas para minimizar su impacto en el rendimiento. Entender cómo funciona el sistema operativo y cómo gestiona los recursos es fundamental para garantizar una experiencia fluida y óptima después de cada actualización.
Liberar espacio de almacenamiento
El espacio de almacenamiento limitado es una de las causas más comunes de lentitud en los dispositivos Apple. Antes de actualizar, asegúrate de tener suficiente espacio disponible, idealmente al menos el doble del tamaño de la actualización. Esta liberación evitará problemas durante la instalación y un rendimiento deficiente posterior.
Revisa tus archivos, elimina aplicaciones que no uses y considera transferir fotos y videos a un disco duro externo o a la nube. Utiliza la herramienta «Gestionar…» de almacenamiento en macOS o la función «Recomendaciones» en iOS para identificar archivos pesados y innecesarios.
Un disco duro casi lleno obliga al sistema a trabajar más duro para encontrar espacio libre, lo que se traduce en una experiencia de usuario más lenta y una menor eficiencia.
Gestionar las aplicaciones y procesos en segundo plano
Muchas aplicaciones continúan ejecutándose en segundo plano, consumiendo recursos del sistema incluso cuando no las estamos usando activamente. Esto puede contribuir a la lentitud, especialmente después de una actualización, cuando el sistema ya está ocupado procesando nuevos datos. Cerrar estas apps puede mejorar significativamente el rendimiento.
En macOS, utiliza el Monitor de Actividad para identificar las aplicaciones que consumen más recursos. En iOS, puedes cerrar aplicaciones deslizándolas hacia arriba desde el gestor de aplicaciones. Limita las aplicaciones que se refrescan en segundo plano en «Ajustes» > «General» > «Actualización de apps en segundo plano» para un control más exhaustivo.
Ser selectivo con las aplicaciones que permiten la ejecución en segundo plano optimiza la utilización de la batería y libera recursos para las tareas que realmente importan.
Optimizar las configuraciones del sistema
Algunas configuraciones del sistema pueden afectar al rendimiento, especialmente en dispositivos más antiguos. Desactivar efectos visuales innecesarios, como la transparencia, o reducir la cantidad de widgets en la pantalla de inicio puede aliviar la carga del procesador.
Revisa la configuración de la memoria virtual en macOS (si tienes poca RAM) y considera aumentar su tamaño. En iOS, desactiva las animaciones en «Ajustes» > «Accesibilidad» > «Movimiento» > «Reducir movimiento» para una experiencia más rápida.
Ajustar estas configuraciones a tus necesidades específicas puede lograr un equilibrio entre la estética visual y el rendimiento práctico.
Realizar un arranque limpio

Un arranque limpio implica iniciar el dispositivo con un conjunto mínimo de software. Esto puede ayudar a determinar si algún software de terceros está causando conflictos o ralentizaciones después de la actualización. Un reinicio en modo seguro o en un entorno de inicio limpio te permite aislar el problema.
En macOS, puedes iniciar en modo seguro manteniendo presionada la tecla Mayúsculas durante el inicio. En iOS, aunque no existe un modo seguro equivalente, puedes eliminar aplicaciones recientemente instaladas o sospechosas para ver si se soluciona el problema. De este modo, se diagnostica el problema de manera efectiva.
Este proceso elimina las variables y te permite identificar si el problema reside en el sistema operativo base o en alguna interferencia externa.
Actualizar el software de forma correcta
La forma en que actualizas el software también puede influir en el rendimiento. Evita las actualizaciones «over the air» (OTA) en iOS si tienes espacio limitado o una conexión a Internet inestable. Conecta tu dispositivo a una fuente de alimentación y utiliza iTunes/Finder para realizar la actualización, lo que garantiza un proceso más estable.
En macOS, asegúrate de tener una copia de seguridad de tus datos antes de actualizar, por si acaso algo sale mal. Además, cierra todas las aplicaciones abiertas y apaga el dispositivo antes de iniciar la instalación. Considera la posibilidad de descargar la imagen de disco de macOS e instalarla desde una unidad USB externa para una instalación más limpia.
Seguir estos pasos asegura que la actualización se complete sin problemas y que tu dispositivo funcione de forma correcta una vez finalizado el proceso.
Conclusión
Mantener el rendimiento de tus dispositivos Apple después de las actualizaciones requiere un enfoque proactivo y una buena comprensión del sistema operativo. No se trata solo de instalar la última versión del software, sino también de prepararse para ella y optimizar la configuración del dispositivo.
Al adoptar estas mejores prácticas, puedes minimizar las ralentizaciones y disfrutar de una experiencia de usuario fluida y eficiente. Recuerda que la prevención es siempre la mejor solución, y dedicar un poco de tiempo a la optimización puede ahorrarte muchos dolores de cabeza a largo plazo.